Tarta “Regalo”

P1120460Soy un caos.  Tan pronto escribo cuatro entradas el mismo día, como me paso meses sin publicar ninguna.  Hoy tengo mucho “material” y tiempo para escribir.  Pero me parece que dejaré varias recetas en “Borradores”, para ir publicándolas poco a poco.

Esta tarta ha sido el regalo de santo de Rosario a María (María celebra su santo el día de la Cruz de mayo, como su abuela).  Rosario es la pequeña, y María la penúltima.  Rosario estaba muy ilusionada con hacerle a María un regalo sorpresa.  Se pasó horas buscando recetas por Internet (se ve que lo de mirar libros de cocina ya no se lleva), y cuando decidió qué tarta quería hacer nos fuimos las dos a comprar los ingredientes, mientras María estaba en volley.  Hay que reconocer que María encontró la bolsa y vio lo que había dentro, pero no se imaginaba así la tarta.

La base era una Sachertorte rellena de mermelada de fresa.  Tuvo su dificultad, porque había que rellenar las bolsas vacías de Conguitos y Lacasitos con servilletas y pincharlas en unas pajitas, como si se estuvieran vaciando sobre la tarta, y hubieran derribado unas cuantas galletas del borde.  Había que esperar a que la cobertura de la tarta estuviera fría, pero no lo suficiente como para que no se pegaran encima los chocolates…  Una vez hecha, tuvimos que quitar una de las bandejas de la nevera porque no cabía de alto.  Y por supuesto, María tuvo prohibida la entrada en la cocina toda la mañana.

Lo mejor:  la cara que puso María cuando la vio.  Lo segundo mejor, lo contenta que estaba Rosario con la sorpresa que le había dado.  Y lo último, que estaba buenísima!!  No me enrollo más, va la receta:

INGREDIENTES:

Para la tarta:  Receta de la tarta Sacher

Para la decoración:

  • 1 paquete grande y otro pequeño de Conguitos y de Lacasitos (o de mini nubes, jelly beans…  cualquier “chuche” pequeña que os guste)
  • 1 caja de galletas alargadas de chocolate blanco
  • 2 pajitas de las (articuladas) y 2 servilletas

MODO DE HACERLO:

Una vez que tenemos la tarta cubierta con el chocolate, dejamos que se enfríe un poco.  Sobre la tarta ponemos los conguitos en una mitad y los Lacasitos en la otra.  La separación entre ambas mitades no tiene que ser una línea recta.  En cada mitad, en uno de los extremos de la tarta, pinchar la parte corta de las pajitas en la tarta.  Rellenar las bolsas con una servilleta de papel cada una, y pincharlas en las pajitas hasta bastante abajo.  Hacer una montañita con los chocolates al pie de cada una de las pajitas.  A decir verdad, en la receta original parece ser que pintaban las pajitas con el chocolate de cubrir la tarta y les pegaban chocolates, pero nosotras lo intentamos y no se sujetaban; así que lo arreglamos con la montañita.  Disponer las galletas de chocolate alrededor de toda la tarta menos por el lado opuesto a las pajitas, donde se juntan los conguitos y los lacasitos.  Si son demasiado largas, cortarlas por la mitad con un cuchillo sin sierra bien afilado.  Poner conguitos y lacasitos por el borde de la tarta en ese trozo, y algunos en el plato como si se hubieran “desbordado” de la tarta.

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¡Y a comer!  Eso sí, no os sirváis un trozo muy grande, ¡que es una “bomba” de azúcar!

¡Muchas felicidades, María!

Sachertorte

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Siempre he querido ir a Viena.  Cuando nos casamos, Juan y yo hicimos el viaje de novios en coche por Europa, y no pudimos llegar hasta allí, estaba demasiado lejos y no nos quedaban muchos días;  en Salzburgo tuvimos que emprender el viaje de vuelta.  Juan me dijo entonces que iríamos cuando cumpliéramos 10 años de casados.  Pero en lugar de a Viena fuimos a Campoamor, provincia de Alicante.  Teníamos ya 7 hijos, y la economía familiar no permitía muchos excesos.  Años más tarde una tía de Juan que sabía la historia nos invitó a Viena.  Pero organizó el viaje el fin de semana que hacían la Primera Comunión los hijos de mi hermana Mónica.  Mónica vivía entonces en Rumanía (se acaba de mudar a Letonia), y sus tres hijos hacían la primera comunión a la vez.  Así que en vez de a Viena nos fuimos a  Bucarest.   Y sigo sin conocer Viena, y por lo tanto ignoro cómo sabe la auténtica Sachertorte.  A lo mejor la tarta de esta receta no es como la auténtica;  pero no importa, porque esta está buenísima.  Es un poco laboriosa, pero que no os dé miedo a hacerla porque no es difícil.  Va la receta:

INGREDIENTES:

Para el bizcocho:

  • 200 gr de chocolate negro
  • 8 yemas de huevo y 10 claras
  • 125 gr de azúcar
  • 125 gr de mantequilla
  • 125 gr de harina
  • unos 150 gr de mermelada de albaricoque

Para el glaseado:

  • 150 gr de chocolate negro
  • 150 gr de azúcar glace
  • 250 gr de nata líquida
  • 1 yema de huevo

 

MODO DE HACERLO:

Encender el horno a 180º.

Derretir al baño María los 200 gr de chocolate negro con los 125 gr de mantequilla.  Por otro lado, separar las claras de las yemas y montar las claras a punto de nieve con las varillas eléctricas.  Si no tenéis varillas eléctricas se pueden montar a mano, pero entonces hacedlo en varias tandas porque si no os va a costar mucho.  Batir luego, con las varillas eléctricas también, las 8 yemas con los 125 gr de azúcar hasta que esté espumoso (montan un poco también y se quedan de un color amarillo claro).

Cuando el chocolate está derretido, dejarlo templar un poco y mezclarlo con las yemas, poco a poco primero para que las yemas no se cuajen.  Añadir la harina, y finalmente las claras a punto de nieve, con movimientos envolventes para que no se bajen.

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Untar un molde con mantequilla, verter la mezcla y meterlo al horno a 180º durante unos 40 minutos.  Para saber si el bizcocho está hecho, pincharlo en el centro con una aguja que tiene que salir limpia (si no, todavía le falta cocción a la tarta).  Sacar el molde del horno, y dejarlo enfriar antes de desmoldar.

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Mientras el bizcocho está en el horno, se prepara el glaseado.  Para ello, poner en un cazo pequeño la nata, el chocolate troceado y los 150 gr de azúcar glace.  Se deja hervir 5 minutos, se retira del fuego y se le incorpora poco a poco la yema, batida previamente.  Se vuelve a poner al fuego unos segundos hasta que espese un poco.  Se deja templar.

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Se desmolda el bizcocho, y con un cuchillo largo y afilado (como el de cortar jamón, por ejemplo), cortar la tarta por la mitad en dos discos.  Hay que intentar hacer el corte recto para que queden dos capas de la misma altura.

Se unta el disco inferior con la mermelada de albaricoque, se tapa con el otro disco y se pone la tarta encima de una rejilla (la del horno, por ejemplo), con una bandeja o un plato grande debajo para recoger el glaseado que caiga.

Entonces se vierte el glaseado de chocolate por encima de la tarta, procurando que se cubra bien por todos lados (se puede recoger el glaseado que ha caído y volver a echarlo por encima de la tarta).  Se puede alisar la superficie con una espátula.

Se pasa con cuidado a la fuente de servir (yo utilizo unas espátulas de postres, que son muy largas).  Se mete en la nevera, y se saca una media hora antes de servir.

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Se puede tener la tarta montada desde la víspera, pero hay que procurar hacer el glaseado el mismo día.

A veces la hago con mermelada de frambuesa, o de fresa, o de frutos rojos en vez de albaricoque, y también está muy buena.  ¡Probad a hacerla!