Roscón de Reyes

La merienda del día 5, después de la cabalgata, se ha convertido en una tradición en casa.  Este año hemos sido unos 20.  ¡Cuatro roscones hice, cuatro! Y sólo quedó medio para el desayuno del día siguiente.  Me ayudó mi hija pequeña, Rosario.  Su colaboración fue fundamental, sobre todo en el momento de esconder las sorpresas.  Las eligió ella, las envolvió en papel  y las escondió por debajo de cada roscón.  Hice la receta del libro oficial de Thermomix, y salieron muy buenos.  Mi hija mayor, Maca, me contó que ella también había intentado hacer uno, pero se le quedó muy duro.  No había subido mucho su masa.  Es importante tener paciencia, pues aunque según la receta hay que dejar reposar la masa dentro del vaso envuelto en trapos una hora, las mías tardaron casi dos horas en subir.  Quizá porque ese día hacía mucho frío en la cocina.  Al final cambié la Thermomix de sitio, la puse al lado del fuego donde acababa de preparar el chocolate, y con el calorcito acabó subiendo.   Después, hay que volver a amasar un minuto, volcar la masa y darle forma, y esperar otra vez a que doble el volumen.  En vez de hacer un roscón grande hice dos más pequeños, que son más manejables, dividiendo la masa en dos.  Y para ir más rápido, porque se me echó el tiempo encima, encendí el horno a 50 grados un rato, luego lo apagué y metí dentro los roscones para que subieran. El resultado fue éste:

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Para hornearlos, según las indicaciones de la receta, se precalienta el horno a 200º, luego se baja a 180º y se mete el roscón “de 20 a 25 minutos“.  Los míos estuvieron 22 minutos cada uno.  Los horneé por separado porque se hacen mejor, con calor arriba y abajo.  A mi marido no le gustan las frutas escarchadas, así que sólo tenían almendras fileteadas y azúcar por encima.  Mi hijo Santi, que estudia en la Basque Culinary Center (entró antes de que se pusiera de moda con Masterchef, que conste), me estuvo tomando el pelo a cuenta de eso tooooooooooooooda la tarde (“¿Y las frutillas?  ¡Esto no es un roscón, jajajaja!”).   

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No serían roscones según Santi, ¡pero estaban buenísimos!