“Postre pesado”

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Realmente, se le podría llamar tarta de dulce de leche, pero en mi familia siempre lo hemos llamado así:  “postre pesado”.  Uno de mis tíos paternos lloraba de pequeño cuando lo preparaban en su casa, porque le gustaba tanto que no podía dejar de comer, pero luego se ponía malísimo porque es una verdadera losa en el estómago.  De ahí el nombre.

No tengo fotos de la preparación, porque es un clásico en casa y pensaba que había colgado la receta hace tiempo (propósito:  hacer un índice de las recetas que he escrito ya para que no me vuelva a pasar esto).  Ha sido Javi quien se dio cuenta de que no estaba en el blog al escribir su post de esta semana.  ¡No me lo podía creer, si la hago muy a menudo!:  a mi hijo José no le gusta el chocolate, y muchas veces pide este postre por su cumple o su santo.  La primera vez que lo probó era un enano, y había pedido por su cumpleaños una tarta azul.  En aquella época no se usaba tanto el fondant como ahora (no se usaba nada, vamos).  Se me ocurrió hacer el postre pesado y poner colorante azul al merengue, y a José le encantó.  Desde entonces lo pide casi siempre.  

Un consejo:  que la comida sea ligerita, porque este postre es muy contundente.  Un plato único basta.  Va la receta para unas 12 personas.  Para menos, podéis dividir las cantidades por dos, y usar un bote pequeño de leche condensada:

INGREDIENTES:

  • 1 bote grande de leche condensada
  • 1/2 paquete de galletas (tipo María, o digestive)
  • 100 gr de mantequilla
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de azúcar glace

MODO DE HACERLO:

Meter el bote de leche condensada dentro de una olla a presión, cubrir con agua (o por lo menos que el agua llegue a la mitad de la lata), y ponerlo a cocer 30 minutos desde que empieza a salir el vapor por la válvula.  Si no se tiene olla, se puede cocer en una cacerola normal, pero en vez de media hora tarda 3 horas en quedarse marrón:  se cubre la lata de agua, se pone primero a fuego fuerte hasta que el agua empieza a hervir y se baja entonces el fuego.  A mitad de cocción se le da la vuelta a la lata.

Pasado el tiempo de cocción de la leche, se saca del agua y se deja a temperatura ambiente hasta que se enfríe un poco, una media hora por lo menos.  Tened cuidado y no abráis la lata en seguida, pues la leche condensada cocida puede saltar y os podéis quemar.

Mientras, se tritura la galleta.  Se puede hacer en el vaso de la batidora, con la Thermomix o, en su defecto, metiendo las galletas en una bolsa de plástico y pasándoles el rodillo por encima (y si tampoco hay rodillo, una botella de vino por ejemplo hace el apaño).  Se derrite la mantequilla (se puede hacer en el microondas), se mezcla la galleta con la mantequilla y se cubre con esta masa el fondo de un pyrex.  Se mete en la nevera.

Se separan las yemas de las claras y se montan éstas a punto de nieve fuerte.  Cuando ya están montadas, se añaden las cucharadas de azúcar glace, se baten un poco más y se reservan.

Se abre la lata, y se mezcla la leche condensada marrón con las yemas;  lo suelo hacer con las varillas eléctricas, porque a mano cuesta más.  Se enciende el gratinador del horno para que se vaya calentando.

Se saca el molde de la nevera, se cubre la galleta con la leche condensada, y ésta con el merengue.  Se mete a gratinar (tened cuidado, que no tarda más que uno o dos minutos en tostarse el merengue, y de ahí a que se queme pasan solo unos segundos.  Lo digo por experiencia, más de una vez he tenido que quitar el merengue y hacer otro.)   No lo volváis a meter en la nevera si lo vais a comer pronto.  Al hacerlo en un pyrex, no se desmolda.

Se puede dejar preparado de un día para otro, pero siempre es mejor hacer el merengue y gratinarlo en el último momento.  Las claras se conservan bien en la nevera, sin montar, claro, de un día para otro.

¡A ver si os gusta nuestro “postre pesado”!

 

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Tarta de queso

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¡¡No tengo colgada ninguna tarta de queso!!  ¡Con lo que me gustan!  A decir verdad, no me gustan todas.  Cuando me ofrecen en algún restaurante gallego tarta de queso de postre, siempre pregunto si es “fría” o “caliente”.  Si me contestan que fría, de ésas que tienen mermelada por encima, no la pido porque es precisamente la que no me gusta:  ¡es todo gelatina!  Y no sólo en la capa roja que la cubre, también suele haber exceso de gelatina en la capa de queso, para que cuaje bien en la nevera (por eso es “fría”, porque se hace sin horno).  La caliente, en cambio, es espectacular. 

Por la foto, la receta de hoy parece la tarta fría:  tiene galleta en la base, mermelada por encima…  Pero en realidad la hago en el horno.  Y no lleva nada de gelatina.  Es una receta que hacen en casa de mi madre y es la preferida de José.   Como el día de su santo estaba en Tánger con sus amigos le he hecho su tarta este fin de semana.  No me enrollo más, voy con la receta:

INGREDIENTES:

  • 1 paquete de galletas, “María” o “Digestive” (según lo que os guste más)
  • 150 g de mantequilla 
  • 250 g de queso de untar tipo Philadelphia
  • 400 g de leche condensada
  • 1 cucharada sopera de zumo de limón
  • 2 ó 3 cucharadas de mermelada de fresa
  • 1 cucharada de azúcar.

 

MODO DE HACERLO:

Se derrite la mantequilla y se reserva.  Se engrasa un poco un molde por abajo y por las paredes también.  

Se muele el paquete de galletas.  Yo lo he hecho en la Thermomix, pero se puede hacer en un vaso de batidora normal (teniendo la precaución de tapar la boca del vaso, alrededor del eje de la batidora, con un trapo limpio para que no salten las miguitas por toda la cocina).  

Se mezclan las galletas con la mantequilla derretida.

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Y se forra con la mezcla la base de un molde intentando que quede la superficie lo más lisa posible.  Se mete un rato en la nevera, unos 10 ó 15 minutos.

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Se precalienta el horno a 180º.

Mientras se hace la mezcla del queso, el zumo y la leche condensada, poniendo ambos ingredientes en el mismo vaso en el que habéis molido las galletas.  Queda una cremita blanca no muy espesa.

Se vierte la mezcla de queso encima de la galleta, y se mete al horno 25 minutos (o hasta que pinchando la tarta con una aguja, ésta salga limpia).

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Se mezcla en un cazo la mermelada con el azúcar y se deja hervir unos dos minutos.  Con esta mermelada se pinta la superficie de la tarta (como véis, la capa de mermelada que pongo no es muy espesa, lo que me gusta es el queso, jeje).

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Se deja enfriar primero a temperatura ambiente y se mete luego en la nevera hasta una media hora antes de tomarla.   Está muy buena de un día para otro.

 

Mousse de dulce de leche

p1110926Este postre me lo pidió “Juan hijo”: se quejó de que el año pasado no se lo había dado ni una sola vez.  Así que empecé la temporada de postres de los domingos con esta mousse.  Es muy fácil y muy rica.  A veces la uso para rellenar tarteletitas de chocolate, y el resultado es espectacular.  Otras veces la he usado como base para un helado de dulce de leche (añadiendo las claras cuando la heladera ya estaba en marcha), sale buenísimo también.  Aquí va la receta

INGREDIENTES:

  • Un bote grande de leche condensada
  • 4 huevos
  • un chorrito de nata líquida

MODO DE HACERLO:

En la olla a presión, se pone a cocer la leche condensada (media hora desde que empieza a salir el vapor de la olla).  Al cabo de la media hora, se deja enfriar la olla, se saca el bote de leche condensada y se deja enfriar una media hora antes de abrirlo.

Se separan las yemas de las claras, y se suben éstas a punto de nieve.  Se abre el bote de leche condensada cocida y se vierte en un bol, donde se mezcla con las 4 yemas y el chorrito de nata.  Lo hago con la batidora de varillas eléctrica (lo podéis hacer con las varillas manuales o con una lengua también, pero al principio costará más mezclarlo todo).

Se mezcla, lo último, con las claras a punto de nieve, con las varillas también para que no pierdan aire y quede la mousse espumosa (que eso es lo que quiere decir la palabra “mousse” en francés, espuma).  Se mete en la nevera un par de horas como mínimo.  

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Mousse de limón fácil

Día 1 de enero de 2016.  Comida familiar en casa.  “¿Por qué no escribes un blog con tus recetas, así podríamos entrar a verlas y nos darías ideas?”, me pregunta mi cuñada Teresa después del postre.  ¿Un blog?, ¡menudo lío!, pienso.  No tengo tiempo.  Además, debe haber ya doscientos millones de blogs de recetas.  No aporto nada nuevo.  Bueno, quizá no es tan mala idea, así me obligo a escribir las recetas que voy haciendo y cómo modifico la receta original, que luego nunca me acuerdo.  Y a lo mejor tampoco me toma tanto tiempo.   Lo difícil es elegir el título ,  el diseño  (no me he roto la cabeza, la verdad).  Por ahora cuelgo la primera receta, el postre de hoy:  una mousse de limón fácil, muy suave, nada ácida pero con un sabor a limón intenso.  No hay foto por ahora, la colgaré la próxima vez que prepare esta receta.  Es que no había previsto escribir un blog.  Y tampoco había previsto hacer mousse de limón, la verdad, el postre de hoy iba a ser una mousse  de chocolate, o un brownie sin gluten.  Pero se me olvidó comprar mantequilla y no podía hacer ninguna de las dos recetas.  Así que abrí la nevera a ver qué se me ocurría, y vi unos yogures naturales y unos limones…

INGREDIENTES:

  • 6 yogures naturales (no azucarados)
  • 1 bote grande de leche condensada (unos 750 gr)
  • 5 limones (la ralladura de 3, y el zumo de los 5)

MODO DE HACERLO:

En un bol grande, mezclar bien los 6 yogures con el bote de leche condensada con la batidora de varillas eléctrica (un batidor de varillas manual sirve también, pero es más lento).

Rallar sobre la mezcla de yogures y leche la cáscara de 3 limones (sin blanco, para que no amargue), con un rallador muy fino.

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Hacer zumo con los 5 limones, y verterlo en la mezcla con la ayuda de un colador para que no pasen ni la pulpa ni las pepitas.  Mezclar todo bien, repartir en copas individuales o verter en un cuenco bonito, y meter en la nevera 3 horas por lo menos.  La he adornado justo antes de servirla con unas frambuesas que compré a petición de mi hija pequeña.  Pero si no tenéis frambuesas, se puede adornar con granillo de chocolate, o con unos granos de granada, o con unas fresas…

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Con estas cantidades, hemos comido 12 adultos y 5 niños.  Eso sí, ¡no ha sobrado nada!  Si os parece mucha cantidad, podéis dividir la receta por dos (para los limones, usad el zumo de 3 y la ralladura de 2).

¡Feliz año santo de la Misericordia a todos!