Flores de sartén, versión 1

flores

La culpa la tiene el chino.  El enorme “Super Descuento” que hay a dos manzanas de casa.  “Mamá, necesito una cartulina amarilla para el trabajo de Muñoz-Seca” (Rosario).  “Pues yo, un perchero de puerta para cuando me vaya a Poitiers” (María).  “Pues vamos al chino” (Juan).  Y allá que nos vamos a las 6 de la tarde.  En dos minutos localizamos la percha de la puerta para María, y 30 segundos más tarde la cartulina amarilla de Rosario.  Y nos ponemos a dar una vuelta, Juan por la ferretería y las cosas de jardinería, las niñas y yo por los cacharros de cocina, los moldes para galletas, para cupcakes, para tartas con formas de osito, de corazón, de rosa…  De repente oigo:  “Enséñaselo a mamá, si le gusta lo compramos, total, por dos euros…”  Y cuando me doy la vuelta, veo esto: 

“¡Ay!  ¡Lah flóre!”, pienso (con acento andaluz), acordándome de la primera vez que las compramos en Vilches, en un supermercado.  El grito lo pegó la cajera;  ella misma nos las acababa de envolver cuidadosamente para que no se rompieran, y uno de mis hijos, con las prisas típicas de ir metiendo en bolsas lo que ya había pasado por la caja (familia numerosa, compra para una semana entera en el campo, supermercado pequeño, cajera parsimoniosa…  ¡y cola detrás nuestro que casi daba la vuelta a la manzana!), estuvo a puntito de embolsar “lah flóre” y echarlas al carrito sin ningún cuidado.  Y de destrozarlas, claro.  Con el consiguiente disgusto de la cajera:  “¡Ay!  ¡Lah flóre!”

Vuelvo al presente.  Un cuarto de hora después del hallazgo de las niñas entramos en casa con nuestro flamante hierro para flores, y con Rosario dispuesta a buscar la receta y a hacerlas de postre para la cena (María tenía que acabar los deberes).   En menos de dos minutos había encontrado la receta (en “directoalpaladar.com”), había puesto todos los ingredientes encima de la mesa y estaba esperando a que le bajara un cuenco para empezar.  Para variar, cambiamos la receta:  no teníamos naranja,  y pusimos ralladura de limón;  y tampoco pusimos las dos cucharadas de anís que tenía la receta original sino un poco más de leche.  Manos a la obra:

INGREDIENTES:

  • 250 ml de leche
  • 1 pizca de sal
  • 1 huevo
  • ralladura de limón
  • 200 gr de harina
  • aceite de girasol para freir
  • azúcar y canela para espolvorear por encima

 

MODO DE HACERLO:

Se bate el huevo con la pizca de sal.  Se añade la ralladura de limón, la leche, y finalmente la harina tamizándola con un colador para que no queden grumos.  Se deja reposar la masa 20 minutos, tapada.  

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Se pone entonces abundante aceite en un cacharro o una sartén honda (las flores tienen que flotar en el aceite) y se pone el aceite a calentar con el hierro para las flores dentro.  Esto es importante, para que la masa se adhiera bien al molde primero, y se desprendan las flores al freirse después.

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Cuando el molde está muy caliente, se introduce el molde en la masa (no tiene que llegar la masa hasta arriba, porque sino no se desprenderá del molde), se escurre un poco y se mete en el aceite.  En teoría, sacudiendo un poco el molde se desprende la flor, pero yo he tenido que usar un cuchillito de punta redonda para despegarla del todo.  A lo mejor porque el molde era nuevo, o porque no lo he dejado calentar lo suficiente, no sé.  Entre María y Rosario han ido haciendo las flores y metiéndolas en el aceite, yo las despegaba y las sacaba, y ellas las espolvoreaban con azúcar y canela.  Trabajo en equipo.  Hay que sacar las flores cuando están doraditas, y hay que dejarlas en un papel absorbente antes de espolvorearlas.

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Para ser la primera vez que hacemos flores, han quedado muy ricas.  Pero hay que mejorar la receta (o la manera de freírlas, no sé), porque no han quedado todo lo crujientes que deberían, ni tan frágiles como las que compramos en Vilches.  “¡Ay!  ¡Lah flóre!”  

 

 

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