Mousse de chocolate blanco

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En septiembre me comprometí con mi familia a no repetir ningún plato en las comidas de los domingos.  ¡No sabía lo que hacía! Los platos salados los pienso con antelación, compro los ingredientes, miro cuánto tiempo voy a tardar en hacerlos…  No es tan grave, pues.  Pero con los postres soy más caótica:  hago lo que puedo con los ingredientes que tengo y el tiempo que me queda.  Y esto de no poder repetir es un problema: tengo cuatro o cinco recetas “de cabecera”, ésas que siempre salen bien, que gustan a todos y, sobre todo, son rápidas de preparar.   Pero precisamente por eso  ya las he hecho todas este año (aunque no las haya colgado en el blog, porque fue antes de empezarlo).  Ayer me pilló el toro: no me quedaba más que un cuarto de hora para hacer el postre, y no mucho tiempo tampoco para dejarlo enfriar en la nevera.  Mientras preparaba un asado me puse a pensar:  ¿una mousse de chocolate?  Sería repetir, no vale.  Pero…  ¿si en lugar de usar chocolate negro la hago con chocolate blanco?  ¿Qué tal quedaría?  Si no salía buena, siempre podría sacar de postre unas fresas que acababa de comprar.  A ver qué tal.  Manos a la obra.

INGREDIENTES:

  • 300 gr. de chocolate blanco
  • 150 gr. de mantequilla
  • 4 huevos
  • 4 cucharadas de azúcar

MODO DE HACERLO:

Se derrite el chocolate blanco con la mantequilla al baño María.  El agua no debe hervir en ningún momento, y hay que retirarlo del fuego en cuanto esté derretido para que no se corte.  Si pasara esto (que me ha sucedido alguna vez con el chocolate blanco;  con el negro, nunca), se puede arreglar batiéndolo con un batidor de varillas eléctrico. 

Mientras se derrite el chocolate, se separa las claras de las yemas.  Se bate las yemas con el azúcar, y las claras a punto de nieve fuerte.

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Se mezcla el chocolate con las yemas primero:

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 Y luego se incorporan las claras con el batidor de varillas manual, de arriba abajo para mantener el aire y que no se baje la mousse:

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Se deja enfriar en la nevera un par de horas por lo menos.  Aunque se puede acelerar el proceso metiendo la mousse en el congelador.

Gracias a Dios, el invento salió bien, ¡estaba riquísima!  Y las fresas, las usé para decorarla.  También mezclé unas pepitas de chocolate negro, pero la verdad es que no aportaban nada, me las podía haber ahorrado.

Es la misma receta con la que hago la mousse de chocolate negro, que es la receta estrella de la familia.  ¡Probadla, que está buenísima!

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