Cocido

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Hoy ha tocado comida contundente.   Pienso que el cocido es como el gazpacho, que hay tantas recetas como gente que lo prepara.  En cualquier caso, ésta es mi receta, adaptada a los gustos de casa.  Estas cantidades son para 12, así que para menos ya sabéis, divididlo por 2, o por 3…  No es difícil hacerlo, pero sí se tarda:  tres horas y media de cocción, más unos 15 minutos para la sopa.

Siempre cuezo los garbanzos dentro de una red.  Hoy ha habido “zafarrancho de combate” : ¡No he encontrado la red!  A punto he estado de salir corriendo “al chino” a ver si encontraba una.  Pero me he iluminado:  he recordado que tenía una bolsa de rejilla para ropa sucia sin estrenar, y es lo que he usado para meter los garbanzos.  Eso sí, le he cortado la cremallera, que era metálica, y he cerrado la red con hilo de atar la carne para asar.  ¡Salvada!

He puesto no 600 g, sino 1 kilo de garbanzos:  aprovecho para hacer un día un plato que le encanta a Juan:  garbanzos fritos con huevos fritos.  Así que no os preocupéis, queridos hijos solteros, que aunque hayáis visto que sobraban muchos no os vais a tener que pasar la semana comiendo y cenando garbanzos para “matarlos”.

Va la receta.

INGREDIENTES:

  • 600 g de garbanzos
  • 1/2 kg de morcillo
  • 3 cuartos traseros de pollo o de gallina (hoy era pollo)
  • 1 trozo de tocino sin veta, y otro con veta
  • 6 huesos de caña
  • 1 hueso de jamón
  • 2 trozos de espinazo
  • 3 chorizos
  • 2 morcillas, una de cebolla y una de arroz
  • 1/2 repollo pequeño
  • 10 patatas medianas
  • 2 zanahorias grandes
  • un puñado de fideos 
  • sal
  • 2 dientes de ajo
  • Aceite

MODO DE HACERLO:

Lo primero que hay que hacer, la noche anterior, es poner los garbanzos a remojo con un par de cucharadas de sal.

Empiezo poniendo a cocer las carnes:  morcillo, huesos, espinazo y tocinos.

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(En la foto no aparecen el espinazo ni el tocino veteado, porque se me había olvidado ponerlos.  Me acordé cuando empezó a hervir el agua, y los añadí entonces.)  Hay que poner mucha agua, no sólo cubrir la carne, porque se van añadiendo los ingredientes ¡y tiene que haber agua suficiente para todos!  Se pone a fuego fuerte al principio, hasta que hierve.  Mientras, se escurren los garbanzos y se meten en una red.  Cuando empieza a hervir el agua, se hace una espuma en la superficie que hay que desespumar, con una espumadera, con un cucharón o con una cuchara grande.  

Cuando está desespumado, se meten los garbanzos en la olla, se tapa, se baja el fuego (lo he tenido en el 4 y medio sobre 9).  Al cabo de una hora, se sala, se añade al caldo el pollo y el chorizo y se vuelve a tapar.  

El repollo se corta fino, se lava, y se pone a cocer en un cacharro aparte con agua hirviendo y sal, unos 20 minutos.  Se escurre y se reserva.  Justo antes de servir, se rehoga en una sartén con aceite de oliva, donde se habrán dorado unos ajos en láminas.

En total, como he escrito antes, tiene que estar 3 horas y media cociendo.  Cuando lleva dos horas, suelo poner un cacharro con agua a calentar.  Quito caldo al guiso (unos 10 ó 12 cucharones), lo reservo en otro cacharro para tener más sopa, y sustituyo el líquido que he quitado por el agua caliente (no fría, porque entonces se pararía el hervor y ¡eso es fatal para los garbanzos!).  Cuando falta una hora para acabar, se añaden las zanahorias peladas.  Y cuando falta media, las patatas enteras, peladas también, y lavadas.

Terminado el tiempo de cocción, se aparta del fuego y se sacan, para que no se sequen, al cacharro que hemos dejado con caldo, el morcillo, el chorizo, el pollo, el espinazo y los tocinos.  Se retiran también los huesos de caña y de jamón, las patatas y las zanahorias.  Se cuela el caldo, se vuelve a poner al fuego, se rectifica el punto de sal y cuando hierve se echa el puñado de fideos.  Se tendrá cociendo lo que indique el paquete de fideos y se reserva.

Se corta la morcilla en rodajas, y se mete al horno a 180 grados hasta que esté hecha (lo siento, no he mirado el tiempo, pero habrán estado unos 20 minutos máximo, no más).

Mientras se hace, se parten las carnes y se presentan en una fuente.  El caldo en el que se habían quedado en remojo se puede añadir a la sopa, volviendo a comprobar el punto de sal. 

Suelo servir una fuente con las carnes, otra con las verduras y otra con los garbanzos, y la sopa, por supuesto. 

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Blanqueta de pollo

P1130073Hoy toca una receta fácil y que siempre sale bien.  Lo más lento es preparar los ingredientes:  limpiar y cortar las pechugas, las verduras, pelar las cebollas.  Yo tardé casi una hora.   Pero la preparación del plato luego es rápida y el resultado buenísimo.  No os fiéis de la foto, que ya sabéis que la fotografía no es lo mío.  ¡Si hasta parece que la salsa estaba cortada!  Y no lo estaba, lo prometo. 

La blanqueta se puede hacer con pollo o con ternera.  Esta vez tocó pollo:  habíamos llegado la víspera de San Sebastián de ver a Santi y no daba tiempo a descongelar la carne.  Se suele hacer con nata, por otro lado.  Pero después de tres días a base de alimentarnos de la maravillosa gastronomía vasca (pintxos en el Viejo, chuleta y tortilla de bacalao de sidrería…) me pareció que guisar con nata no era lo mejor para los estómagos de la familia y la cambié por leche evaporada.  Con nata la salsa queda más trabada, pero está igual de buena y es más ligera  con leche Ideal.  De primero, una ensalada de lechuga, aguacate, langostinos y granada, aliñada con vinagreta o con salsa rosa (ya lo siento, no hice fotos, pero como pienso repetirlo algún día ya colgaré la receta).  Y de postre, la mítica mousse de chocolate de casa.    No sólo vinieron a comer los casados con los nietos, sino también D. Luis, un sacerdote de la Parroquia  al que Juan había invitado a comer hace… ¡6 años!, y por fin vino este fin de semana.  Fue una comida muy divertida y muy interesante.

Y de San Sebastián y Santi…  ¡qué os voy a contar!  Fuimos con todos los solteros que están en Madrid, alquilamos un apartamento cerca de su casa, y disfrutamos mucho con su compañía, lo pasamos fenomenal.  Y traje algunas ideas de pinchos y platos que tengo que intentar hacer…  pero eso lo dejo para otro día.  Va la receta de hoy.

INGREDIENTES (para 12 personas):

  • 2,5 kg de pechugas de pollo cortadas en tacos
  • 3 ó 4 zanahorias
  • 400 g de champiñones pequeños
  • 12 cebollitas francesas (¡por lo menos!)
  • 1 vaso de vino blanco
  • 1/2 l de caldo de pollo
  • 1 tetra brik de leche evaporada
  • sal y pimienta
  • Harina y aceite de oliva

MODO DE HACERLO:

Se pelan y se cortan las zanahorias en cuadraditos.  Se pelan las cebollitas.  Se lavan los champiñones y se parten en cuartos.

P1130062Se salpimentan las pechugas y se pasan por harina.  En una cacerola, se pone un fondo de aceite a calentar y se fríen los trozos de pechuga hasta que estén hechos por fuera.  No hace falta que estén muy dorados.  Se van retirando de la cacerola y se reservan.  En el mismo aceite se rehogan las zanahorias y los champiñones, ligeramente salados.

Se vierte por encima el vaso de vino y se deja que se evapore el alcohol.  Se añade el caldo, y cuando empieza a cocer se añade el pollo y las cebollas. 

P1130065Se deja cocer todo junto 20 minutos con la cacerola tapada y a fuego medio.  Se añade entonces la nata o la leche evaporada y se deja 10 minutos más.  Se rectifica de sal si es necesario, y se comprueba que el pollo esté blando. 

Si la salsa está muy líquida, se retira el pollo y deja cociendo la salsa a fuego medio para que reduzca (ésta es la versión lenta).  También se puede ligar con maizena, express o normal (versión rápida).  Si es express, para esta cantidad de líquido harán falta unas 2 cucharadas:  se añaden a la salsa cuando empieza a hervir, y se deja un par de minutos hirviendo.  Si es maizena normal, hay que diluirla primero en un poco de agua y añadirla bien disuelta a la salsa hirviendo, dejándola también en el fuego un par de minutos.  Se vuelve a meter entonces el pollo en la salsa, se deja cocer otros dos minutos más para que tome temperatura el pollo y se sirve.

Se puede acompañar con patatas pequeñas, cocidas 10 minutos en agua hirviendo con sal.  Se pelan y se rehogan con mantequilla (y con un chorrito de aceite para que no se queme la mantequilla) y perejil, hasta que estén doradas por todos lados.  Si no tenéis patatas tan  pequeñas, se pueden cocer patatas más grandes, pero siempre 10 minutos.  Se sacan del agua, se dejan enfriar un poco, se pelan y se tornean:  es decir, se cortan en tacos, y a cada taco se le da forma ovalada con una puntilla.  Los recortes de patata sobrantes se pueden  freír para que se acabe de hacer la patata, y usarlos para hacer una tortilla (porque quedan con una forma no muy bonita que digamos…).  Las de la foto están hechas así, torneadas.  Es más lento, ¡pero es que se me había olvidado comprar las patatas pequeñas!

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Bica

P1130016El 17 de octubre celebramos el aniversario de la fundación del colegio por San Vicente de Paúl (creo que ya he contado en alguna ocasión que soy profesora en un colegio francés, privado y católico, al que también van mis hijas).  Ese día las de 6º de primaria organizan un desayuno al que invitan a las monjas, a los profes y a las mayores del cole.  Huelga decir que lo que sobra se lo toman ellas luego, por supuesto.  Y siempre sobra, porque traen un montón de comida y de bebida todos los años.  Hay  una norma:  por grupos, representan a los diferentes países en donde hay colegios de la Congregación (que se llama Union-Chrétienne de Saint Chaumond) y por lo tanto los desayunos tienen que representar la gastronomía de cada uno de esos países.  Y este año le ha tocado a mi hija pequeña llevar algo característico de Portugal.  Para hacerlo más fácil, tenía que ser para celíacos, pues cada vez hay más intolerancia al gluten entre los profes y las alumnas.  Preparamos unos pasteles de Belén sin gluten, y sobraron un montón de claras de huevo que se quedaron en la nevera muertas de risa.

Todo esto para contaros que no sabía qué hacer con tanta clara, y se me ocurrió preparar una bica.  Es un bizcocho muy típico gallego, esponjoso, que no lleva levadura. pero sí claras a punto de nieve y nata montada.  Va la receta

INGREDIENTES:

  • 12 claras de huevo
  • 1/2 l de nata para montar (con un mínimo de 35% de materia grasa)
  • 500g + 50 g de azúcar
  • 500 g de harina

MODO DE HACERLO:

Se precalienta el horno a 200 grados.

Se empieza separando las yemas de las claras.  Se montan éstas a punto de nieve firme.  Es más fácil hacerlo si se dividen las claras en dos cacharros.  Aunque yo tengo unos metálicos grandes, y ahí caben bien.  Cuando están montadas, se les añade 500 g azúcar poco a poco y se sigue batiendo para incorporarlo bien.  Se reserva.  Los otros 50 g de azúcar se usan más adelante.

Se monta también la nata.  La nata monta mejor si está muy fría, y el cacharro donde se va a montar también.  Yo meto otro cuenco grande metálico en el congelador unos 10 minutos, y el brik de nata montada también.

Se tamiza la harina (importante para que no queden grumos) sobre las claras, y se mezcla con unas varillas con movimientos envolventes, para que no se bajen mucho las claras y quede esponjoso el bizcocho.  Por último se incorpora la nata de la misma manera que la harina.

Se forra un molde rectangular grande con papel sulfurizado, se vierte la mezcla, se cubre con los 50 g de azúcar que faltaban y se mete al horno, que bajaremos a 180 grados.

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Tarda unos 45 minutos en hacerse, de todos modos al cabo de 30 minutos se puede ir comprobando la cocción pinchando la masa con una aguja:  si ésta sale limpia es que ya está la bica.  Se saca del horno, y se espera a que se temple para desmoldarla.

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“Postre pesado”

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Realmente, se le podría llamar tarta de dulce de leche, pero en mi familia siempre lo hemos llamado así:  “postre pesado”.  Uno de mis tíos paternos lloraba de pequeño cuando lo preparaban en su casa, porque le gustaba tanto que no podía dejar de comer, pero luego se ponía malísimo porque es una verdadera losa en el estómago.  De ahí el nombre.

No tengo fotos de la preparación, porque es un clásico en casa y pensaba que había colgado la receta hace tiempo (propósito:  hacer un índice de las recetas que he escrito ya para que no me vuelva a pasar esto).  Ha sido Javi quien se dio cuenta de que no estaba en el blog al escribir su post de esta semana.  ¡No me lo podía creer, si la hago muy a menudo!:  a mi hijo José no le gusta el chocolate, y muchas veces pide este postre por su cumple o su santo.  La primera vez que lo probó era un enano, y había pedido por su cumpleaños una tarta azul.  En aquella época no se usaba tanto el fondant como ahora (no se usaba nada, vamos).  Se me ocurrió hacer el postre pesado y poner colorante azul al merengue, y a José le encantó.  Desde entonces lo pide casi siempre.  

Un consejo:  que la comida sea ligerita, porque este postre es muy contundente.  Un plato único basta.  Va la receta para unas 12 personas.  Para menos, podéis dividir las cantidades por dos, y usar un bote pequeño de leche condensada:

INGREDIENTES:

  • 1 bote grande de leche condensada
  • 1/2 paquete de galletas (tipo María, o digestive)
  • 100 gr de mantequilla
  • 3 huevos
  • 3 cucharadas de azúcar glace

MODO DE HACERLO:

Meter el bote de leche condensada dentro de una olla a presión, cubrir con agua (o por lo menos que el agua llegue a la mitad de la lata), y ponerlo a cocer 30 minutos desde que empieza a salir el vapor por la válvula.  Si no se tiene olla, se puede cocer en una cacerola normal, pero en vez de media hora tarda 3 horas en quedarse marrón:  se cubre la lata de agua, se pone primero a fuego fuerte hasta que el agua empieza a hervir y se baja entonces el fuego.  A mitad de cocción se le da la vuelta a la lata.

Pasado el tiempo de cocción de la leche, se saca del agua y se deja a temperatura ambiente hasta que se enfríe un poco, una media hora por lo menos.  Tened cuidado y no abráis la lata en seguida, pues la leche condensada cocida puede saltar y os podéis quemar.

Mientras, se tritura la galleta.  Se puede hacer en el vaso de la batidora, con la Thermomix o, en su defecto, metiendo las galletas en una bolsa de plástico y pasándoles el rodillo por encima (y si tampoco hay rodillo, una botella de vino por ejemplo hace el apaño).  Se derrite la mantequilla (se puede hacer en el microondas), se mezcla la galleta con la mantequilla y se cubre con esta masa el fondo de un pyrex.  Se mete en la nevera.

Se separan las yemas de las claras y se montan éstas a punto de nieve fuerte.  Cuando ya están montadas, se añaden las cucharadas de azúcar glace, se baten un poco más y se reservan.

Se abre la lata, y se mezcla la leche condensada marrón con las yemas;  lo suelo hacer con las varillas eléctricas, porque a mano cuesta más.  Se enciende el gratinador del horno para que se vaya calentando.

Se saca el molde de la nevera, se cubre la galleta con la leche condensada, y ésta con el merengue.  Se mete a gratinar (tened cuidado, que no tarda más que uno o dos minutos en tostarse el merengue, y de ahí a que se queme pasan solo unos segundos.  Lo digo por experiencia, más de una vez he tenido que quitar el merengue y hacer otro.)   No lo volváis a meter en la nevera si lo vais a comer pronto.  Al hacerlo en un pyrex, no se desmolda.

Se puede dejar preparado de un día para otro, pero siempre es mejor hacer el merengue y gratinarlo en el último momento.  Las claras se conservan bien en la nevera, sin montar, claro, de un día para otro.

¡A ver si os gusta nuestro “postre pesado”!